El candidato presidencial del Apra comparó al mandatario con su predecesora y aseguró que es un títere del Congreso.
El candidato presidencial del APRA, Enrique Valderrama, no se guardó nada al analizar la situación del presidente José Jerí. Tras la difusión de videos que muestran al mandatario en locales clausurados, Valderrama fue tajante al compararlo con la gestión de Dina Boluarte.
“Creo que está mintiendo sistemáticamente, tal como mintió su predecesora la presidenta Boluarte, por lo tanto, me reafirmo en decir que él es más de lo mismo”, expresó, señalando que Jerí es el rostro de las mismas bancadas que sostuvieron al gobierno pasado.
Para Valderrama, el escándalo de las reuniones con el empresario Zhihua Yang marcará un hito en la caída del mandatario. “Quizás este le sea el chifa más costoso al presidente Jerí”, ironizó, agregando que en la historia del Perú, “por mucho menos, algunos han dejado de ser presidentes”.
No obstante, advirtió que una posible vacancia no solucionaría el problema de fondo mientras el Parlamento mantenga el control: “Retirado Jerí o no, me resulta un tanto irrelevante porque pondrán a otro representante de este mismo Congreso y será la continuidad”.
Subrayó que el problema no es solo la figura individual de Jerí, sino la maquinaria política que lo respalda. “El problema está en el Congreso de la República, que es uno de los peores de la historia, que además ha cogobernado con la presidenta Boluarte y que hoy en día tiene en Jerí a su principal representante”, enfatizó.
Además, lamentó la falta de una oposición firme en el Legislativo actual: “Si el Partido Aprista tuviera una bancada en el Congreso, estaría promoviendo la salida del presidente”.
Finalmente, Valderrama cuestionó el silencio de otros sectores políticos frente a las evidencias que ya investiga la Fiscalía. “Me preocupa el silencio de algunos líderes políticos frente a las cuestionables acciones del presidente”, concluyó, reafirmando que su candidatura no solo busca la presidencia, sino romper con lo que considera un sistema de «clientelismo político» que ha capturado sectores estratégicos como el de salud pública.